En el Día Mundial del Agua, que se celebra el 22 de marzo de cada año, se destaca la importancia de conservar y proteger este recurso vital para la salud de la población y del medio ambiente.
El mensaje de 2026: “Donde fluye el agua, crece la igualdad”. Nos invita a mirar el agua desde otro ángulo. Nos recuerda que la crisis mundial del agua nos afecta a todos, aunque de forma desigual. La disponibilidad limitada de agua dulce es uno de los mayores retos globales, pero su impacto no es igual para todas las personas, porque su acceso, gestión y distribución están atravesados por condiciones sociales, económicas y culturales. Las desigualdades (especialmente de género) se hacen visibles en lo cotidiano.
En muchas ciudades y sobre todo en zonas rurales, aún persiste mucha desigualdad en el acceso al agua. Es un recurso de sobrevivencia que en muchas ocasiones marca la salud pública y la alimentación.

En zonas urbanas el problema del suministro desigual se traduce en que el agua es entregada por tandeos o en tener que comprar y solicitar pipas de agua. Situación que se termina convirtiendo en agua más cara y de menor calidad.
En zonas rurales implica que mujeres y niños, realicen largos trayectos para ir a una fuente de suministro (ríos, lagos, canales) que en muchas ocasiones no aseguran la calidad del recurso.
En estos casos, el tiempo también sale a flote como un costo oculto. En miles de hogares: alguien tiene que esperar la pipa, tiene que preocuparse por ir por el agua y almacenarla, alguien tiene que racionar y en la mayoría de las ocasiones son las mujeres quienes se encargan de recolectar el agua y gestionarla de forma adecuada. Entonces la inequidad en el suministro del agua se convierte en infraestructura que distribuye tiempo y carga doméstica.
1 800 millones de personas siguen careciendo de agua potable en sus hogares y, en dos de cada tres hogares, las mujeres son las principales responsables de ir a por agua.
Gestión de lluvia: acceso descentralizado al agua
En México llueve intensamente durante por lo menos 4 meses, pero la infraestructura urbana está diseñada para expulsar el agua, no para captarla. La gestión inadecuada del agua de lluvia desemboca en problemas de inundación que afecta a la población tanto en problemas de movilidad como en daños a las casas y riesgos a la salud pública.

Aprovechar el agua de lluvia se puede convertir en una fuente alternativa para modificar esas desigualdades. Rediseñar la ciudad para captar, infiltrar y reutilizar lluvia es también redistribuir el acceso y permitir que las personas en sus casas tengan una fuente constante y segura de agua. Siempre y cuando se utilicen los sistemas de tratamiento y almacenamiento adecuados del agua de lluvia.

De este modo, se puede dar un giro al manejo del agua y transformar la infraestructura hidráulica en infraestructura social. En donde se tengan sistemas de captación de agua de lluvia a nivel de casas y edificios, con sistemas de tratamiento descentralizado.
A nivel de espacio público también se puede aplicar la infraestructura verde que permita retener y aprovechar el agua en parques, jardineras y camellones con lo cual se gestiona la lluvia y se recargan las reservas subterráneas.

De este modo, no solo estás resolviendo un problema técnico, se está restableciendo la relación con el agua y reduciendo desigualdad estructural, al disminuir la dependencia de infraestructura centralizada deficiente que ya no tienen la capacidad y está rebasada.
Donde fluye y se gestiona el agua de forma adecuada, crece la igualdad.
Si algo nos deja este Día Mundial del Agua es que la igualdad no ocurre por sí sola. Se construye en lo cotidiano, modificando el modo de aprovechar y gestionar el agua, se puede modificar las desigualdades sistémicas, se aumenta la autonomía hídrica en hogares, se libera tiempo (especialmente para mujeres), se mejora salud y resiliencia.
Fuentes:


