El cambio climático es un hecho y el gran reto que tenemos como especie para los próximos 100 años. Tendremos que hacer todo lo posible para mitigar sus efectos y reducir la emisión de gases de efecto de invernadero, adaptarnos a las modificaciones en nuestras condiciones de vida que va a seguir provocando y encontrar las estrategias para ser resilientes.

 

Los registros de temperatura que se remontan a finales del siglo XIX muestran que la temperatura promedio de la superficie de la Tierra ha aumentado en aproximadamente 0,8°C en los últimos 100 años. Casi 0,6°C de este calentamiento ocurrió en las últimas tres décadas.

La temperatura media anual ha venido incrementando al punto de que en este siglo se han registrado los 15 años más calientes.

Segundo la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el año más cálido que se ha identificado fue 2016, seguido de 2017, 2015 y la temperatura media mundial en los diez primeros meses de 2018, superó aproximadamente en un grado centígrado la de la era preindustrial (1850-1900). Los científicos y los responsables de la formulación de políticas han argumentado que mantener el aumento de la temperatura en 1,5°C es un límite más seguro para el mundo.

Los efectos que está generando el cambio climático

Los desastres naturales son cada vez más impredecibles, incontrolables y tiene mayor intensidad, lo que ha generado un aumento del número de muertes por inundaciones, tormentas, olas de calor y sequías. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los desastres naturales relacionados con el clima han causado en promedio más 60,000 muertes al año.

En la última década, las tormentas e inundaciones han generado un desplazamiento mundial de 21 millones de personas al año (la población de la zona metropolitana de la Ciudad de México), según un reporte de organización internacional de análisis de datos Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno.

La mayoría de los glaciares en las regiones templadas del mundo y a lo largo de la Península Antártica están decreciendo. En el Polo sur en 2012, la extensión del hielo alcanzó un récord mínimo que fue 50% más bajo que el promedio de 1979-2000.

En el norte, la capa de hielo de Groenlandia ha experimentado una fusión récord en los últimos años. Los datos satelitales muestran un aumento promedio en el nivel global del mar de unos 3 milímetros por año en las últimas décadas. Si se fundiera toda la capa de 2,8 millones de kilómetros cúbicos, los niveles del mar aumentarían en 6 metros.

Los cambios podrían impulsar la escasez de agua dulce, modificaciones radicales en las condiciones de producción de alimentos. Debido a la extinción de plantas y animales, ya que las modificaciones en el clima están llevando a que los hábitats se modifiquen más rápido de lo que las especies pueden adaptarse.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la salud de millones de personas podría verse amenazada por el aumento de la malaria, las enfermedades transmitidas por el agua y la desnutrición.

Por otra parte, los costos se amplían año con año, en la última década se han representado pérdidas récord en todo el planeta superan los $340.000 millones de dólares, según la aseguradora Munich Re.

¿Qué es el efecto invernadero?
Fuente: BBC Mundo

El efecto invernadero se refiere a la forma en que la atmósfera de la Tierra atrapa parte de la energía del Sol. Esa energía solar que se irradia hacia el espacio desde la superficie de la Tierra es absorbida por los gases de efecto invernadero y remitida en todas direcciones.

La energía que se irradia hacia el planeta calienta por una parte a la atmósfera inferior, y por otra a la superficie.

Los científicos han comprobado que estamos contribuyendo activamente al efecto invernadero natural con los gases liberados por la industria y la agricultura (conocidos como emisiones), los cuales hacen que se atrape más energía y aumente la temperatura.

El principal de estos gases es el dióxido de carbono (CO2). La mayoría de las emisiones de este gas son producidas por el hombre y se liberan a través de la quema de combustibles fósiles, pero también por la reducción de los bosques que absorben carbono. Además, persiste durante mucho más tiempo (tardaríamos cientos de años en volver a los niveles preindustriales).

Otros gases de efecto invernadero, como el metano y el óxido nitroso, también se liberan a través de actividades humanas, pero su abundancia general es pequeña en comparación con el dióxido de carbono.

La caja de pandora del ciclo del agua

Fuentes: Revista Cambio y Climate Reality Project

En gran parte México depende de los huracanes para recibir las lluvias, que son las que mantienen las temporadas agrícolas y recargan nuestras reservas subterráneas de agua. México por su posición geográfica, entre dos océanos y en la línea de los grandes desiertos, está sometido al grave riesgo de eventos climáticos extremos: huracanes, ciclones tropicales, sequías, incremento del nivel del mar, etc. Todas estas modificaciones entrelazadas traen a su vez un efecto que no se nota de forma inmediata, pero que es más profundo y dramático, la modificación del ciclo del agua. Incluso sus consecuencias pueden ser confusas y contradictorias como: lluvias más intensas y sequías extremas.

El aumento de las temperaturas globales perturba todo el sistema climático, afectado directamente procesos naturales como la concentración del vapor de agua, las nubes, las lluvias y los patrones de flujo de las corrientes.

Los océanos almacenan el 90% del exceso de calor y su temperatura media ha aumentado hasta ahora en 0.5 grados. Esto genera que la tasa de evaporación desde el océano incremente a medida que el mundo se calienta, lo que ha influido en la intensidad que han adquirido las tormentas tropicales, incluidos huracanes.

Un estudio concluye que aproximadamente el 60% de la lluvia que caen la tierra proviene de la humedad originada en los océanos y otro 40% de la que se recircula en los continentes. A medida que la atmósfera se calienta, puede retener más humedad, lo que contribuyen a generar lluvias más extremas, por tanto, riesgo de inundaciones.

Cómo el cambio climático está generando más sequías

A medida que las temperaturas se incrementan, también la evaporación y los suelos se secan. Cuando la lluvia viene, a menudo cae en aguaceros violentos, que arrastran los nutrientes del suelo, generando mayor erosión, y evitan que se desarrollen los cultivos y las plantas. A diferencia de mojar suavemente el suelo, la lluvia golpea con fuera la tierra y se escurre, generando inundaciones desastrosas antes de drenar en los ríos, que también aumentan su caudal de golpe y finalmente descargándose en el mar con los nutrientes del suelo. Al no tener la capacidad de absorber el agua, los suelos permanecen secos y el incremento de la temperatura global genera mayor evaporación y por lo tanto incrementa el riesgo de sequías.

En zonas en donde antes se podía esperar una cantidad constante de lluvia, ahora está experimentando lluvias más extremas e impredecibles, que van desde ni una gota, muy poca, hasta aguaceros torrenciales.

Incremento de intensidad de los huracanes

Al incrementar las temperaturas, las tormentas tienen la capacidad de absorber más energía que resulta de los océanos más calientes. Así los Huracanes llegan a las orillas con vientos más intensos y dañinos, lluvias muy intensas, y tormentas más fuertes, incrementando los riesgos a la población, la salud y llevando a daños más devastadores en las costas.

El incremento del nivel de los océanos alrededor del mundo, aumenta aún más el riesgo de que tormentas más intensas surjan de los huracanes, que se movilizan cada vez hacia el interior de la tierra con una probabilidad más alta de que ocurran inundaciones. En el noroeste del océano pacífico, los huracanes se han hecho 10 veces más dañinos desde 1970, e incluso se esperan tormentas más fuertes en el futuro.